domingo, 13 de septiembre de 2009

La Habitación de Fermat

Con la próxima edición del Festival de Cine de Sitges a la vuelta de la esquina, recupero esta pequeña crítica que escribí acerca de esta película cuando tuve el gusto de asistir a la premier hace dos ediciones.



TÍTULO ORIGINAL:
La Habitación de Fermat
FECHA DE ESTRENO: 2007
NACIONALIDAD: España
DIRECCIÓN:
Luís Piedrahita y Rodrigo Sopeña
REPARTO:
Santi Millán, Alejo Sauras, Elena Ballesteros, Lluís Homar, Federico Luppi

Empezaré diciendo que no me gusta el cine español. No me gusta porque, por lo general, siempre esta tocando los mismos temas cansinos y con la misma poca originalidad a la hora de hacer las cosas. Pero me gusta que hayan excepciones que confirmen la norma, y estoy ciertamente convencido de que la Habitación de Fermat es una de ellas. La cinta esta codirigida por Luís Piedrahita y Rodrigo Sopeña. Para ambos se trata de su primera incursión en el mundo del cine y para ella han contado con las actuaciones de Santi Millán, Alejo Sauras y Elena Ballesteros, entre otros. Que esta gente se haya propuesto realizar un thriller me ha llamado la atención lo suficiente como para ir a ver su preestreno en el festival de Sitges.

El planteamiento inicial es el que sigue: Cuatro personas reciben una carta anónima con un acertijo. Si lo resuelven, quedan invitados a una reunión que pretende agrupar a las mentes más brillantes del país. Como mínimo eso es lo que dice el misterioso anfitrión, el cual se hace llamar Fermat, pues los protagonistas no tardaran en descubrir que en realidad se trata de una trampa mortal que acabará con sus vidas si no se dan cierto brío en resolver los enigmas planteados.

El guión ha sido bastante cuidado, exceptuando un par de detalles que prefiero no adelantar pero seguramente el espectador medio calificará de fantasmada. Como he dicho se trata de detalles, que en ningún caso embrutecen la idea principal de la película. Huelga decir también, que los enigmas a los que se enfrentan los protagonistas, parecen sacados de cualquier libro de curiosidades matemáticas. Aunque la historia funciona bien, no estamos ante un alarde de creatividad nunca antes visto, pues es fácil reconocer elementos del clásico de culto Cube, así como de la española El Método o incluso la (incomprensiblemente) exitosa Saw, aunque sin despilfarro de sangre Max Factor.

La fotografía resulta muy adecuada al tono de la película, y si no fuese por una apreciable falta de presupuesto para efectos en un par de secuencias, en el apartado estético La Habitación de Fermat seria redonda. Un curioso detalle es que la banda sonora cuenta con tres temas de Los Planetas, incluido el tema de cierre que no es ni más ni menos que la dolorosamente bella La Copa de Europa.

Mención especial se merece la actuación de Santi Millán, es sin duda una grata sorpresa observar la credibilidad con la que interpreta su papel. Acostumbrado a verlo en todo tipo de papeles chorra, daba la impresión que este hombre no sabia hacer otra cosa, pero aquí nos demuestra cuan equivocados estábamos. Alejo Sauras aun carga con el lastre de su papel en Los Serrano, pero este puede ser un primer paso para ir asumiendo proyectos más serios.

En definitiva, Piedrahita y Sopeña han sido capaces de manejar bien los recursos de los que disponían y finalmente conseguir un resultado que no esta nada mal, sobretodo si tenemos en cuenta que se trata de su primer trabajo cinematográfico. Es de agradecer ver un producto nacional algo diferente a lo que estamos acostumbrados.

Esperemos que sea el punto de partida de una necesaria renovación del cine autóctono.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Nunca he probado algo mejor


Mientras se alejaba de allí, por un segundo se preguntó como habría sido todo si aquello no hubiese sucedido nunca. Ya no tenia ningún sentido quedarse en aquel lugar. Como si de un último gesto se tratara, extendió su mano hacia el cielo nublado y sintió en ella el aire cargado de estática. A sus oídos llegaba, lejano, el zumbido de las lineas eléctricas suspendidas en lo alto de los postes. En ese preciso instante, su corazón fue desbordado por un colapso de un millón de sentimientos. Deseó con todas sus fuerzas desaparecer para siempre de este mundo triste y enfermo.

El anterior fragmento, escrito hace tiempo, es mi modesto tributo a la que a mi parecer es una de las mejores producciones de animación jamás realizadas.

FLCL

El día de mi 19 cumpleaños estuvo marcado por ser el día del último adiós a un romance de instituto con fecha de caducidad. Durante la pequeña celebración de aquella noche, recibí dos regalos que rápidamente destacaron por su carácter especial. Uno de ellos fue el disco Mon Chi Chi de los All Systems Go. Supuso una refrescante sorpresa descubrir un nuevo grupo de mi agrado y que además marcó el inicio de lo que seguramente ha sido una de mis mayores renovaciones musicales. El otro fue un tomo de cómic manga de reciente publicación y del cual no había oído hablar. Un paseo rápido por sus páginas me permitieron observar elementos tales como guitarras, bates de beisbol, robots y chicas en Vespa. Prometedor.


Pasé varios días enfrascado con ese manga, disfrutando de una cómoda burbuja al leer y releer sus páginas mientras en mis auriculares sonaba por enésima vez el álbum que me habían regalado. Sentía que aquellas viñetas se complementaban perfectamente con la música, que ganaban dinámica, como si hubiesen sido concebidas para un medio audiovisual. Más tarde tuve conocimiento de que ese tebeo era en realidad una adaptación; la obra original era una breve serie de animación con una etiqueta de la cual le sería ya imposible deshacerse: “De los creadores de Neon Genesis Evangelion.” Finalmente llegó a mis manos una copia en cinta de video. No tardé en darme cuenta que estaba viendo algo muy especial, una serie que reflejaba con precisión y delicadeza todo mi sentir y que para mi se convertiría casi de inmediato en una destacada referencia.


Aparentemente absurda y demencial, un atento visionado y el minucioso escrutinio del abundante texto entre líneas revelará en su interior una agridulce oda juvenil acerca del doloroso proceso de madurar. Estéticamente impecable, contiene numerosas secuencias realmente poéticas gracias a la composición formada por el elaborado grafismo y la frescura de la banda sonora. Una verdadera joya que pese a su calidad, ha pasado sorprendentemente desapercibida para la mayoría. Después de mucho tiempo, finalmente comprendo el significado de never knows best, la enigmática frase que aparece escrita en unos cigarrillos.


Nunca he probado algo mejor.

Acerca de la distorsión del recuerdo y los orígenes del impulso creativo

Hace bastante tiempo, en alguna clase de psicología o filosofía durante mis años de instituto, el profesor, que era el mismo para ambas clases, dijo que la educación era como un café. Si dejas la taza reposar lo suficiente, la mayor parte del contenido se evapora irremediablemente. Excepto una pequeñísima parte densa y concentrada que al secarse permanece en la taza y acabar con ella supone un esfuerzo hercúleo. Esos pequeños restos incrustados, que solo se consiguen con el asentamiento de las ideas con los años, suponen la verdadera formación, nuestra configuración como personas. Lo accesorio e irrelevante termina por desaparecer de nuestra memoria sin dejar rastro. Habiendo transcurrido un tiempo prudencial para digerir este hecho, daré el paso que aquel profesor no se atrevió a dar, afirmando que en realidad este fenómeno sucede no solo con los contenidos de la formación académica, sino con cualquier tipo de experiencias vividas. Solo aquellas que producen profunda impresión y son revisadas con frecuencia, permanecen en nuestros recuerdos.

Esto produce dos efectos, por un lado la sistemática supresión de los malos recuerdos, pues al intentar no recuperarlos con la misma frecuencia que aquellos que nos resultan más gratos, terminan también por perder gradualmente su oscuros colores y debilitando su aspecto inicialmente amenazador. En segundo lugar, al destruirse todas aquellas memorias superfluas de acontecimientos insípidos y enseñanzas de las cuales no proceda aplicar el contenido, se producen enormes lagunas en la línea temporal de nuestra vida. La superposición de estos dos hechos, es la razón fundamental por la cual siempre tengamos la ilusión de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que además esos días nos parezcan mucho más cercanos de lo que en realidad están ya, viviendo así un presente progresivamente anacrónico a medida que crecemos.

Tras un minucioso análisis, me doy cuenta que todos estos años, desde los inicios, mis inquietudes creativas parten de una misma base. Esto es, sublimación. Guardar en mi interior, de un modo inconsciente si cabe, todas aquellas decepciones, miedos, fracasos e indignación, mezclarlos y moldear la substancia resultante. Darle forma hasta que de ello salga algo nuevo, bello y elevado, que al hacerse canción, poesía, ensayo, ilustración, o fotografía proporciona una potente liberación, una impactante doble experiencia de carácter positivo a través de la composición y posterior contemplación estética de la obra, lo que lleva a la inmediata consecución de la tranquilidad del ánimo. Durante un breve espacio de tiempo se aplaca el dolor y el sufrimiento de nuestra vida, estamos en paz con nosotros mismos, luego, con el mundo. Esta viene siendo la razón por la cual personas con una sensibilidad especial, buscan constantemente la satisfacción mediante variadas disciplinas artísticas, como una terapia, aunque harían mejor llamándolo adicción pues no nos aporta nada definitivo ni engrandece más allá de ese momento, ese instante fugaz de pura evasión del absurdo de la existencia.

Debo reconocer que no soy demasiado dado a leer ni escribir, en el sentido artístico, claro está. Las limitaciones del lenguaje para la expresión de conceptos e ideas de carácter intangible, pero no por ello inexistentes o menos reales, es un tema ya conocido y debidamente estudiado. Es por ello que, por lo general, prefiero recurrir a medios que prescindan de las palabras o, en todo caso, estas sean simplemente un refuerzo, un añadido para perfilar y redondear un contenido que no perdería un ápice de brillo si nos fuese presentado de forma independiente. ¿Es acaso menos perfecta una canción porque no comprendemos la letra o menos bella una imagen solo por carecer de texto que la acompañe? Si es cierto, como categóricamente afirmaba el último de los filósofos, que se debe callar sobre lo que no se puede hablar, tendremos que buscar la forma de elevarnos por encima de las fronteras impuestas por las palabras, permitiéndosenos así trazar una línea recta entre lo más profundo de nuestro ser y nuestro entorno.

A pesar de dicha contrariedad, haré un esfuerzo para reunir viejos textos no especialmente brillantes de mi autoría y recopilarlos en esta bitácora, así como nuevas aportaciones de elaboración más reciente. El origen de estos escritos puede ser del todo variado, no quisiera limitarme aquí a textos escritos con alguna finalidad específica, pues suelen ser estos los más bochornosos, sino quizás incluso a meras transcripciones de conversaciones donde he intercambiado ideas interesantes. En esta era en la que todo hijo de vecino se siente con la necesidad de desperdigar su amalgama de ignorancia y prejuicios, pues lo políticamente correcto asume que una opinión es tan válida como cualquier otra, exponiendo su estrechez de miras una y otra vez con los mismos argumentos e insistiendo en narrar meticulosamente hasta la más vulgar estupidez, poca cabida hay para contenidos que aporten un soplo de aire fresco.


Consciente de ello, abro así este mi cuaderno de notas.