jueves, 14 de octubre de 2010

Sitges 2010: Rubber

Título Original: Rubber
Nacionalidad: Francia, 2010
Dirección: Quentin Dupieux
Reparto: Stephen Spinella, Roxane Mesquida, Jack Plotnick, Wings Hauser



The film you're about to see is an homage to the 'No reason'.
The most powerful element of style.


Estas palabras forman parte de la magistral introducción de Rubber, una de las películas más comentadas en Sitges y que ya causó furor en la última edición del festival de Cannes. Quentin Dupieux, más conocido por su alter ego electrónico Mr. Oizo, escribe, dirige y edita esta inclasificable cinta que narra las peripecias de un malvado neumático con poderes psíquicos. Dupieux también compone la banda sonora original junto con su amigo Gaspard Augé de Justice.

¿Entonces, es Rubber un thriller? ¿Una comedia, quizás? ¿Simplemente un ejercicio de estilo? Lo cierto es que es un poco de todo. A priori esto puede parecer algo negativo; un filme que intenta abarcar diversos géneros requiere de mucho tacto y medida para que el resultado final sea satisfactorio. Se hace difícil describir Rubber, es realmente una de esas películas que hay que ver. La comparación más próxima que se me ocurre para intentar definirla es que se imaginen una comedia dirigida por David Lynch. De hecho, es evidente que estilísticamente Rubber es deudora de la obra de Lynch, sólo que mucho más entretenida y retorcidamente divertida.

Un viejo neumático tirado en medio del desierto, de repente cobra vida ante la atónita mirada de unos espectadores que observan desde la distancia con sus prismáticos. ¿Por que razón un neumático? ¿Tiene algún sentido que haya gente contemplando tal acontecimiento? La vida está llena de sin sentidos. Por eso nos gusta el cine y las novelas, porque en la ficción todo suele ocurrir por algún motivo. Toda acción, toda decisión que tomen los personajes, cada palabra... parece llevarles irremediablemente hacia un único final. De forma que cuando termine la película pensemos que todo encaja y que tal como ha sucedido todo, no había otro final posible. Pero sabemos que el mundo no es así. La realidad está dominada por la falta de sentido. A algunas personas les asusta este hecho y necesitan recurrir a conceptos como el destino o el determinismo.

Pero en raras ocasiones, nos encontramos con unos pocos cineastas que rompen las normas y entran en el terreno del absurdo, de lo surreal e inexplicable. Al fin y al cabo, la definición tradicional nos dice que la única función del arte es existir. Una creación autoreferente. En ese sentido, Dupieux destroza las convenciones cinematográficas y convierte este largometraje en una pieza de puro arte. Es especialmente interesante el hecho de que Rubber se puede considerar un análisis del cine dentro del cine, como ya hiciera Jean-Luc Godard. La irónica forma en la que se critica las expectativas del público, constituye uno de los ejes centrales de la película. Los espectadores dentro de la película no son sino un reflejo de los espectadores de la película en si, los que están fuera de la pantalla.

Los efectos de movimiento autónomo del peculiar protagonista están realmente logrados. Para la ocasión no se ha recurrido a efectos digitales sino que toda el rodaje ha sido realizado cuadro a cuadro para posteriormente montar los fotogramas convenientemente. Las actuaciones, brillantes. Stephen Spinella simplemente genial, junto a un esperpéntico Jack Plotnick, hará las delicias de los aficionados al humor absurdo. Roxane Mesquida, aunque prácticamente carece de diálogos, funciona espléndidamente como el objeto de obsesión por parte de la rueda asesina y de hecho protagoniza un guiño a Psicosis durante una escena.

Definitivamente, Rubber es algo a tener en cuenta y me arriesgo a decir que es una claro candidato para llevarse algún premio en el festival. ¿Por que? No reason.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sitges 2010: Chatroom




Título original: Chatroom

Nacionalidad: Reino Unido, 2010
Dirección: Hideo Nakata
Reparto: Aaron Johnson, Imogen Poots, Hannah Murray


Es evidente que una de las películas que han despertado más interés en el festival de cine de Sitges de este año, es Chatroom de Hideo Nakata. En unas pocas horas se vendieron todas las entradas para el pase en el cine Prado del último filme de este nipón que ya dirigió Ringu, la cual se convirtió en un fenómeno de culto dando lugar al remake norteamericano y marcó el advenimiento del cine de género japonés. Ha pasado ya más de una década desde entonces y si bien en aquel momento el elemento incitador era una cinta de vídeo maldita, ahora lo son las redes sociales y los chats. Ringu apareció durante la cúspide del VHS como formato, prácticamente toda familia del mundo desarrollado tenía un par de aparatos en casa para poder ver vídeos tanto en el salón como en la habitación. Los chavales podían encerrarse en su cuarto con su televisor y el vídeo, de una forma no muy diferente a la que ahora lo hacen con su ordenador y la conexión a internet. Es importante fijarnos en este paralelismo, pues nos lleva a pensar que en estas dos obras de Nakata existe una idea de fondo en común.

En los últimos tiempos hemos podido ver como Internet no es un lugar donde llenar nuestra falta de auténticas emociones. Los verdaderas relaciones, los verdaderos sentimientos, siempre estarán ahí fuera y no en un mundo virtual. En cambio la comodidad del anonimato y la aparente libertad de contenidos ha actuado como catalizador para la parte más oscura del ser humano. Existe la creencia de que si no hubiesen consecuencias a las que enfrentarnos cuando cometemos acciones cuestionables o ilegales en la vida real, aflorarían patrones de conducta psicopática entre la población. Patrones que habrían permanecido inhibidos de forma subconsciente. Pero la red refleja sin filtros lo que realmente se esconde en los lúgubres rincones de la mente humana.

Desde la gente que descarga su rabia hiriendo o incluso arruinando la vida de personas en foros y redes sociales hasta los casos más extremos y macabros como la venta de órganos, los pactos de suicidio, el canibalismo consentido o la contratación de asesinos a sueldo. Por supuesto sin olvidar la publicación de vídeos de asesinatos, suicidios, imágenes grotescas de accidentes y la proliferación de una pornografía cada vez más retorcida y extrema.

Tomando todo esto como base, surge Chatroom. El guión de Enda Walsh, que fué adaptado de su propia obra de teatro, nos presenta a cinco adolescentes británicos que prefieren pasarse el día frente al teclado en lugar de cultivar verdaderas relaciones. Estos se conocerán y formaran su propio círculo de amigos virtuales, entrando en los sectores menos recomendables de Internet. Jim posee el carácter más débil del grupo; se trata de un chico no especialmente afortunado en la vida y será el blanco de ataques con consecuencias fatales en la vida real si los demás no hacen nada para evitarlo.

Posiblemente el aspecto a destacar de la película es su estética y la forma de representar el mundo virtual de los chats. Desde luego sería muy aburrida una película donde la mayor parte del diálogo tuviese lugar en un chat y se nos mostrara a gente tecleando y mirando un monitor durante hora y media. Chatroom resuelve este problema mediante un estilo visual impactante y atractivo, con una colorista representación física de las salas de chat. Esta emocionante realidad virtual contrasta con las tonalidades grises que bañan la cinta durante las escenas que tienen lugar en el mundo real. Un recurso bien llevado que tiene un claro simbolismo para referirse a la realidad como aburrida y monocromática en contraste con la chispeante red.

El mayor problema de la película es que se toma demasiado tiempo en introducirnos a los personajes y su mundo virtual. La emoción y la intriga no empiezan hasta casi la mitad de la película, lo que repercute de forma negativa en el ritmo narrativo. Cuidado, a pesar del historial de Nakata, Chatroom no se puede clasificar en absoluto como película de terror, que nadie se confunda. Más bien se trata de un drama adolescente con tintes de thriller.

El reparto cuenta con la nueva generación de actores británicos incluyendo a Hannah Murray y Daniel Kaluuya, protagonistas del éxito televisivo Skins. También encontramos a Imogen Poots, conocida por su aparición en V for Vendetta y 28 Weeks Later. Las actuaciones no son nada del otro mundo, aún falta tiempo para que estos chicos se liberen del lastre de sus anteriores papeles y adopten una mayor versatilidad de registros, pero cumplen de forma suficiente. Destaca Aaron Johnson en el papel de William, acaparando prácticamente la totalidad de la carga dramática.


En conclusión, una película entretenida aunque no se libra de algunos clichés y personajes algo estereotipados a pesar del extenso tiempo dedicado a su presentación. Quizás su reflexión llega algo tarde y suena a moralina, pero no por ello merece ser obviada; ¿Que hacen los chavales frente al ordenador cuando se pasan todo el día encerrados tras la puerta de su habitación?

viernes, 2 de julio de 2010

El sentido de todo

Hacía tiempo que no escribía nada; en ocasiones hay que saber desconectar un poco. Ya saben, dejar airear el vino y reposar las ideas. Recientemente en cierto foro se debatía acerca del sentido de la vida, el sumo interrogante de nuestra existencia. Intenté mantenerme al margen para evitar caer en lugares comunes y hablar de ello como si nunca antes alguien hubiese expresado esas mismas ideas, pero el continuo goteo de opiniones absolutamente superficiales o excesivamente inocentes acerca del tema, me empujó a participar. A pesar de todo, ya no me sorprende para nada vivir en un mundo donde lo que mantiene viva a la humanidad es jugar a videojuegos, machacarse en el gimnasio, quedar con la parienta o emborracharse en las noches de verano.

Ya que mi pequeño escrito, improvisado sobre la marcha, mereció algunas palmaditas en la espalda, me he decidido a publicarlo en el Departamento de Criptoacústica. Disculpen las formas y la ortografía, lo he reproducido sin alterar ni una coma para preservar la frescura de la exposición.



La verdad es que he llegado a la conclusión que lo de estudiar, labrarse un futuro, casarse, tener hijos etc etc... no responde a satisfacciones personales sino mera supervivencia del individuo dentro del conjunto de la sociedad; desde pequeños ya nos moldean para ser un diente anónimo dentro de un engranaje de la inmensa maquinaria.

La mayoria de la gente se levanta por las mañanas porque tiene obligaciones que cumplir; unos estudios, un trabajo, ocuparse de los hijos o hacer las tareas domésticas. Dudo muchísimo que este tipo de obligaciones, de las cuales la vida esta repleta, llenen a nadie. En este mundo tu (hasta cierto punto) eliges si quieres currar en McDonald's o ser ingeniero, pero la triste realidad es que el segundo no se diferencia mucho del primero en cuanto a realización personal se refiere.

Lo dice alguien que ha intentado buscar buena parte de su realización mediante los estudios e intentar progresar en un empleo, sólo para terminar descubriendo que aunque te puede llenar en determinados momentos sentirte útil en esta sociedad, estar bajo el yugo de otros no es exactamente el mejor camino para obtener satisfacción personal.

Basar tu felicidad exclusivamente en otra persona, es decir en nuestra relación de pareja, también me parece poco acertado. Es un error depender emocionalmente de otras personas. La vida es mejor en compañia, es evidente, pero hay que saber valorarse a uno mismo, ser independiente y ser capaz de encontrar la motivación en uno mismo. Si sabemos luchar solos, tanto mejor será si alguien nos acompaña durante parte del camino. Y digo parte porque las personas van y vienen, nada es para siempre, ni amistades ni parejas.

Tampoco creo que el sentido de esta vida sea un simple paso hacia una vida mejor y eterna en otro plano, ni que todo se deba reducir a la reproducción para la supervivencia de la especie. Que el único objetivo de todo sea reproducirse indefinidamente para transferir nuestros genes, es como mantener en marcha un motor que no mueve nada ni conduce a ninguna parte, cuya única razón de alimentarlo es perpetuar su funcionamiento a ralentí.

Creo entonces que el sentido es crecer como persona, aprender, instruirse (no para obtener un título y prosperar laboralmente, sino por puro crecimiento intelectual) en todas aquellas materias que nos resulten interesantes, desarrollar las capacidades creativas mediante una o varias disciplinas artísticas y plasmando nuestras ideas y sentimientos. Sólo mediante los actos creativos podemos superar nuestras propias limitaciones, y es a través de estos que parte de lo que somos puede perdurar en el tiempo.

El conectar con otras personas, el dejar huella en otros (así como las relaciones con los demás también nos moldean), es otro de los verdaderos alicientes de esta existencia. Compartir momentos, música, ideas... es ciertamente gratificante.

Las relaciones que enriquecen mutuamente a sus participantes, el amor por el conocimiento y por los actos creativos de cualquier tipo son esenciales para mantener en marcha el espíritu dinámico del ser humano. Esos momentos puntuales son los que dan verdadero sentido a la vida, todo lo demás es relleno, paja, nimiedades cotidianas que con el tiempo se olvidan rápidamente. Si analizais vuestros recuerdos os dareis cuenta que ni siquiera podeis recordar los detalles de una jornada laboral cualquiera de las últimas semanas, pero podeis recordar perfectamente y con todos sus colores aquellos días en los que lograsteis algo grande, aunque haya sido hace muchos años.

Se puede decir por lo general que la vida es absoluta oscuridad iluminada por los destellos puntuales de esos grandes momentos.

Vivimos por y para esos destellos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Festival Internacional de Cine de Las Palmas


No pienso molestarme en hablar de temporales de nieve. Cómprese un generador, es todo lo que le puedo decir. En cualquier caso, no sea tan retarded como para arrancarlo dentro de casa. Los gases de escape no son muy saludables que digamos, aunque eso parece que se le pasó por alto a más de uno en Girona.


Gala de inauguración

Como suele ser habitual en mi persona, me dirigí al encuentro con el tiempo bastante justo. El taxi me dejó frente al Auditorio Alfredo Kraus, lugar con el que me une cierta historia profesional, a escasos minutos de la hora a la que, teóricamente, daba comienzo la gala. Para mi sorpresa descubro que en esta isla, la gente se toma lo de ir a los sitios con más calma que yo, que ya es decir. Todo hay que decirlo, también fué una magnifica oportunidad de ver a todos los asistentes luciendo sus mejores trajes. Muy glamurosas ellas, muy elegantes ellos y en definitiva, todos muy cool. Excepto el tipo que iba con bermudas y chancletas de playa. Quizás en otro contexto incluso se le podría considerar rompedor, pero dada la climatología del lugar, más bien daba la impresión de ser una persona a la que no le había dado tiempo [o la gana] de pasar por casa a cambiarse.

Yo, no se vayan a pensar, también daba el pego. Americana, zapatillas y mis Rayban 5122. Soy consciente de que es el cliché del gafapastismo cool, pero no lo puedo evitar.

La presentación se llevo a cabo con unos aires graciosetes que para mi gusto huelen demasiado a importación del mainstream norteamericano. Y huelen no especialmente bien cuando se tiene en cuenta que se trata de un festival que hace gran hincapié en la identidad propia y presume de apostar por el cine más independiente, arriesgado y alejado de convencionalismos comerciales. La cosa ya pierde credibilidad cuando veo que el mismo festival que dedica una retrospectiva a Kurosawa o a Éric Rohmer, programa Tensión Sexual No Resuelta, la última gamberrada de uno de los amiguetes de Santiago Segura y la enésima memez con la que nos castiga el cine patrio. Para rematar el cuadro, Claudio Utrera, director del festival, no pudo abstenerse de sacar a relucir la crisis económica en su discurso. Que digo yo que si tratandose de un festival de cine, puestos a mencionar alguna crisis, no sería más apropiado hablar de crisis de ideas.

Apuntes corrosivos a parte, la verdad es que los montajes audiovisuales utilizados estuvieron francamente bien, en especial la lograda combinación de proyecciones con música jazz en directo. Tras presentar al panel de jueces de cada categoría, subió a la palestra Atom Egoyan quien recogería el premio Lady Arimaguada honorífico por su trayectoria cinematográfica. Sinceramente, yo no tenía ni idea de quien era el tal Egoyan, al parecer canadiense de ascendencia armenia. Supongo que un crimen vergonzoso para alguien que se considera cinéfilo, pero les aseguro que ni había oído nombrar a este señor. Sin embargo, alguien con unas formas humildes a la vez que honestas, que dice que sus padres le enseñaron a creer que podemos trascender nuestras limitaciones mediante los actos creativos, se gana inmediatamente mi aplauso y mi curiosidad por conocer su obra.

Seguidamente harían su aparición Dunia Ayaso y Félix Sabroso, los dos responsables de La Isla Interior. Tras sus extensos agradecimientos y dedicatorias, algunos actores del reparto, incluyendo a Geraldine Chaplin, subieron brevemente al escenario para compartir el momento con los dos directores canarios, antes de la proyección del filme.

La Isla Interior

Este largometraje de factura canaria, retrata a una familia de lo más disfuncional durante los días previos a la muerte del padre, un hombre mayor que padece de esquizofrenia. Aunque la historia es básicamente dramática, tiene unos destacables golpes de humor, aportados principalmente por Alberto San Juan en su papel de profesor con serias dificultades comunicativas además de algunas manías muy personales a la par que divertidas de ver, aunque quizás no tanto de vivir.

Lo irónico de la película es que el padre de la familia, que teóricamente es el loco, se nos presenta como una persona tranquila, sosegada e incluso aportando algún punto de cordura en más de una secuencia. Este es justamente el fuerte de La Isla Interior, dar un giro a las cosas y retratar como chiflados a los que creen no estarlo. Como veremos, todos viven con el miedo oculto de haber heredado propensión a desarrollar enfermedades mentales y he aquí donde la cinta intentará abrir la vía dramática.

El problema es que semejante cuadro resulta muy poco creíble, especialmente con las esperpénticas situaciones y comportamientos de los hijos. No cuaja que por un lado tengamos un trágico drama familiar y luego nos vengan con semejantes caricaturas de personajes. En algún momento la cosa incluso se pasa absolutamente de rosca haciendo que el conjunto no termine de funcionar. Ahí tenemos a Geraldine Chaplin haciendo imposibles para salvar el asunto, la única que ha calibrado correctamente el punto equidistante entre comedia y drama, pero lamentablemente eso no es suficiente. Con mucho es la hija del legendario Charles Chaplin la que aporta la interpretación más eficiente tanto cuando pretende hacernos sonreír como cuando quiere hacernos partícipes de su dolor. Esta señora simplemente sabe como meterse al público en el bolsillo. Y lo consigue. La secuencia en que la vemos gritar abrazada a una almohada en posición fetal, simplemente me dio escalofríos, la emoción transmitida fue tal que consiguió erizar el vello de mi antebrazo derecho.

Otra de las cosas que chirrían es esa inevitable y recurrente costumbre que tiene el cine made in Spain de mostrar un polvo guarro en pantalla. No hacer el amor con delicadeza. Ni siquiera una sensual secuencia de erotismo desenfrenado. No, lo que hay es un polvo guarro, barato, un estereotipo que ya empieza a rozar lo grotesco y desde luego absolutamente gratuito e irrelevante para el desarrollo de la historia. Yo no se si es que en este país no dan subvención si no hay sexo o que. Pero si no hay más remedio, que sepan que yo no tengo demasiado en contra de lo gratuito, lo tengo con la forma tosca de presentar las cosas. Porque más sexo gratuito que en los filmes de Larry Clark es difícil encontrar, pero, aunque el tipo sea un depravado, sabe como rodar ese tipo de escenas, narices. Tomen nota los cineastas patrios, se lo ruego. Tampoco podía faltar la referencia a la violencia de género. Esta si que ya es de traca; metemos la secuencia con calzador y se la come usted doblada.

A pesar de todo, un buen intento por parte de Ayaso y Sabroso, especialmente por el mérito y la valentía de hacer cine desde Canarias y que además este pueda llegar al público general.

domingo, 21 de febrero de 2010

Tres noches de insomnio


Los artistas y sus excentricidades, sus trapicheos en el backstage, las groupies oportunistas, los invitados de prensa, los managers, la furgoneta o bus del grupo, las habitaciones de hotel destrozadas... ¿hasta donde llega la realidad y donde empieza el mito?


Este fin de semana se me presentó la oportunidad de colaborar en el festival In-Somni en Barcelona. Tres noches, una en Razzmatazz y dos en Apolo, para ver de cerca el ambiente del mundo musical profesional. Interesante.

Lo primero que se le ocurre a uno al recibir su acreditación es hacer un breve repaso de la cantidad de veces que se ha intentado, infructuosamente, entrar gratis con algún cuento en las dos salas que he mencionado, especialmente la primera. Todas las veces que se ha tenido que pagar religiosamente la entrada para poder asistir a un concierto o entrar cuando funcionan como discoteca. O peor todavía, la humillación de recibir una mirada de superioridad por parte de alguno de los porteros y volverse cabizbajo y con las manos en los bolsillos porque se ha terminado el presupuesto de la noche.

Todo eso cambia cuando llevas una acreditación Acces All Areas. Ni lista de invitados ni pase de prensa para hacer fotos desde la barrera. La triple A. La que te da derecho a mirar el concierto entre bambalinas, a tomarte una cerveza con los del grupo en su camerino y en definitiva, a pasearte por allí like Peter at home. Orgullosamente colgada en el llavero, ahora el personal de seguridad ni siquiera hace preguntas; Se limitan a abrir las puertas y a levantar los cordones a tu paso.

Lo siguiente que me sorprendió es todo el tema de camerinos y backstage. Siempre había imaginado que eran algo así como habitaciones o lounges de hotel de cinco estrellas y hacía todo tipo de especulaciones al respecto de los placeres hedonistas que allí tenían lugar. El daño que ha hecho la Rolling Stone y demás prensa musical en la cultura popular. Olvídense del glamour, el lujo y los excesos. He visto más glamour y lujo en los probadores de algunas tiendas. Paredes cubiertas de adhesivos y pintadas que dejan los grupos y artistas que pasan por allí y algún sofá medio destrozado. Respecto a los excesos, los que cabrían esperar si usted y sus amigos se encuentran una nevera llena de cerveza gratis. Lo que ocurre es que los señores que tocan en un grupo que está de gira, se la encuentran cada noche.

Tratar con los grupos y sus managers te hace dar cuenta de que quizás se les tenga por semidioses cuando se suben al escenario, pero no dejan de ser personas como cualquiera de nosotros; Por la calle no llevan las pintas que les vemos en los videoclips. La mayoría se implican en la descarga y montaje de su material, se puede ir a hablar tranquilamente con ellos, se muestran amables y básicamente sienten agradecimiento hacía la organización y su equipo por montar un concierto y darles trabajo, que a fin de cuentas de eso viven los grupos.

Las excentricidades y caprichos, por llamarlo de alguna manera, no pasan de pedir cola light en lugar de cola normal o pedir determinadas chocolatinas o dulces. Irónicamente los grupos locales se mostraban más subidos de aires y reticentes a compartir algo de bebida. Muy buena gente The Cinematics, Piano Magic [ aunque musicalmente me parecen soporíferos hasta el punto que ellos mismos bromean acerca de su disponibilidad para tocar en funerales por un precio razonable ] y los maños Tachenko.

Tras las actuaciones y una vez cargado el material en las furgonetas y coches, la celebración de un concierto exitoso seguiría en los bares, el hotel o el piso de alguna jovencita. Y si, claro que sucedieron cosas, de otro modo los conciertos y giras no serían fuente inagotable de anécdotas e historias para recordar.

Pero ya saben... esto no es la prensa musical.

jueves, 11 de febrero de 2010

¿Necesita usted una licencia de TV?


Anonadado me hallo con mi último descubrimiento acerca de las leyes que rigen los territorios situados al otro lado del Canal de La Mancha.


Aquí estamos muy pero que muy mal acostumbrados con nuestras constantes quejas acerca del cánon de la SGAE, de los contenidos de la televisión en abierto y la insufrible publicidad que encontramos no solo los espacios dedicados a ello sino también dentro de las propias series o programas; los súbditos de su Graciosa Majestad además deben pagar por el placer de tener en casa una cloaca de vulgaridad.

En el Reino Unido un fulano cualquiera, pongamos John Smith, cuando va tan alegremente a comprarse su nuevo televisor, con el correspondiente desembolso de dinero que supone, sus gastos no han hecho más que empezar; debe obtener una licencia para su televisor.


Independientemente de si John Smith es muy dado a ver la televisión o no, deberá abonar anualmente la cantidad de 142 libras esterlinas y 50 peniques por el mero hecho de ser propietario de un televisor en color. En caso, poco probable en los tiempos que corren, de que su televisor fuese en blanco y negro la cuota será de unas modestas 48 libras. Esto no tiene nada que ver con canales de pago ni sistemas de televisión a la carta; la licencia no da ningún derecho a contenidos adicionales pero si nos permite tener hasta quince receptores de televisión. No veo muy claro como alguien puede llegar a tener tal cantidad de televisores en su hogar, pero demos las gracias al organismo correspondiente por no tener que pagar por un segundo televisor.

Al parecer, el problema recae con las emisiones televisivas en directo. Por lo tanto, si John Smith utiliza su televisor para el visualizar DVDs o material televisivo grabado en cinta u otro formato, no debería tener problemas para solicitar la exención de la licencia. Naturalmente se enviará un empleado a realizar una inspección formal en casa de los Smith para verificar que realmente no mira la televisión. Ante esta opresión, nuestro amigo John Smith tiene dos opciones.

En primer lugar, puede optar por ver la televisión de forma pirata. Va, se compra la tele, se hace el sueco y a los del gobierno no les da ni una miserable pound. Con este proceder, el señor Smith se arriesga a una multa de mil libras por ver la televisión de forma ilegal. Ustedes se preguntaran como narices van a saber si en una casa se ve la televisión de forma legítima o no. Bien, al parecer cuentan con una base de datos donde saben que hogares han registrado sus televisores y pagan la tasa religiosamente y cuales no. En cualquier momento pueden enviar una inspección y echar un vistazo al tejado para corroborar si se cuenta con una antena.

Desde TV Licensing amenazan con disponer de la más elevada tecnología para detectar la recepción de ondas electromagnéticas en las bandas correspondientes, con lo que podrían, hipotéticamente, localizar el uso no autorizado de aparatos de televisión en los lugares más remotos o incluso aquellas instalaciones que no cuenten con una antena exterior. La próxima vez que vea una furgoneta de reparto aparcada frente a su casa, John Smith deberá apresurarse a arrancar el cable de antena y tirarlo por el inodoro antes de que una unidad de operaciones especiales tire abajo su puerta y se encuentre con varios punteros láser en el pecho.


La segunda opción es dejar de lado tan obsoleto aparato y abrazar las nuevas tecnologías. Con la creciente oferta televisiva a través de internet, no debería suponer problema escaquearse del pago de la licencia. Nada más lejos de la realidad. Ordenadores, teléfonos móviles o cualquier otro dispositivo que permita la recepción de emisiones a través de la red, deben también pagar licencia. Una vez más, si los contenidos estan en nuestro disco duro y no se trata de un streaming en directo, no tendremos problema aunque salgan llamas del router debido a su constante y densa actividad de descarga. Desconozco los métodos para controlar el uso de equipos informáticos para ver la televisión, pero desde luego la cosa no está para arriesgar.

En cualquier caso todos aquellos vendedores de cupones o que puedan demostrar dificultades visuales extremas, obtendrán una rebaja del 50 por ciento en el pago y renovación de la licencia. Por si la cosa no fuese ya suficientemente de chiste, resulta que, aunque con descuento, hasta los ciegos tienen que pagar por sus televisores.

Yo de ellos, mejor escuchaba la radio.

Más información: TV Licensing

martes, 2 de febrero de 2010

Brave Coast DJs Party



Esta entrada tiene una finalidad estríctamente propagandística, avisados quedan.

Este sábado 6 de febrero, Brave Coast presenta un showcase de su equipo de pinchadiscos en la localidad gerundense de Torroella de Montgrí. Representado a la escuderia tendremos a Sebastian Zorn y Transgress DJ. Ayudándolos en la misión, un invitado muy especial, Radiopatio.

Una noche repleta de sonidos electrónicos y algún que otro guitarrazo.

El cartel, que estoy seguro de que les ha llamado la atención, es obra del señor Álvaro Ortiz. Este maño que normalmente se caracteriza por su trazo naïf, ha sido tan amable de hacerse un hueco en la agenda e ilustrar un cartelito para la ocasión, muy al estilo comic underground norteamericano. Si no estan familiarizados con su obra, les recomiendo echar un vistazo a su blog, veranomuerto.

Los usuarios de facebook [entre los que afortunadamente no me encuentro] pueden obtener información adicional y apoyar la causa, si así lo desean, clickando aquí.